El patito con el ala rota

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[CUENTO INFANTIL] La historia que nos trae en esta oportunidad Cuentos para Pequeños Campeones nos hace valorar lo importante que es el apoyo del equipo en los momentos difíciles, por ejemplo, en una lesión.

El cuenta está inspirado en una semifinal de Copa Libertadores y la notable actuación de Patricio Yáñez, delantero chileno que jugó en Colo-Colo entre 1991 y 1995.

El patito con el ala rota

El patito Nazario era uno de los mejores nadadores de la laguna. Su velocidad para avanzar en el agua era asombrosa. Era un verdadero espectáculo verlo participar en alguna carrera acuática. Su popularidad era tan grande, que las patitas se juntaban sólo para poder observarlo, aunque fuera desde lejos, impresionadas por su velocidad, pero también por sus lindos ojitos azules.

Cierto día del mes de mayo, cuando los patitos competían con otros patos venidos de atrás de la cordillera en la carrera por equipos más importante de la región, pasó algo imprevisto. Un pato malo, vestido de azul con amarillo, empujó a Nazario contra unas rocas muy duras y el pobre patito de los ojos azulados cayó bruscamente rompiéndose parte de su ala.

El equipo se puso muy triste por su compañero Nazario. Lo ayudaron y le pusieron una venda blanca para que no le doliera tanto. Pero el dolor era tan grande, que nada podía hacerlo desaparecer.

“No importa, dejemos de competir, la salud de Nazario es lo más importante”, dijo uno de los integrantes del equipo con mucha pena.

“No es necesario”, respondió firmemente el patito Nazario. “Me duele mucho, pero puedo seguir participando. Lo haré por ustedes y por la gente que nos está viendo, para que podamos ganar esta competencia”.

Nazario y el equipo siguieron en competencia y lo hicieron muy, pero muy bien. Lograron ganar. La gente que rodeaba la laguna se puso muy feliz con el triunfo. Celebraron todo el día, ya que pocas veces habían conseguido algo así.

Nazario se fue a descansar para que su alita se recuperara. El triunfo había hecho que el dolor se olvidara por unos momentos, pero debió tomar algunos remedios y reposar para que su recuperación fuera completa. Sus compañeros lo ayudaron mucho y lo visitaron todos los días mientras estuvo con su alita vendada. Juntos se reían a carcajadas recordando la gran victoria que habían conseguido.

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